Exámenes

Toda mi vida estudié en colegios regulares. La gran mayoría del tiempo mis exámenes eran orales. Sobre todo en los primeros grados de primaria, mi maestra me hacía las preguntas y calificaba en ese momento mis respuestas. Conforme fui avanzando de grado y las pruebas se fueron complicando e incluyendo distintos formatos como relacionar columnas, resolver ecuaciones matemáticas, escribir ensayos, etc., por lo general algún otro miembro del personal de la escuela me leía el examen y escribía mis respuestas, mientras mi profesor se quedaba en la clase vigilando al resto de mis compañeros. Me tocó de todo. Por ejemplo, el último año de preparatoria tuve que escribir los ensayos de que constaban los exámenes de Doctrinas Filosóficas (del área 4 de humanidades) a máquina. Lo malo era que si por alguna razón me distraía y perdía el hilo de lo que había escrito ya, se me llegaban a ir algunas cosas. Claro, eso fue antes de los lectores de pantalla para las computadoras. ¡Viva la tecnología!

A mí me gustaba hacer los exámenes al mismo tiempo que el resto de mi clase. Para empezar, me quería sentir igual que mis compañeros y además, así no se me juntaba con pruebas o trabajos de otras materias. Muchas veces presentaba el examen el mismo día pero a distinta hora. Si por alguna razón me lo aplicaban antes a mí, al terminar todos me rodeaban para que les dijera qué temas y preguntas venían. En esos casos no sabía muy bien cómo actuar porque por un lado, me daba gusto ayudar a mis compañeros, además de que yo también llegaba a preguntar a mis amigos de otros grupos por un examen que hubieran hecho antes. Pero si yo era la primera en hacerlo, me sentía algo incómoda de “soltar la sopa”, como que estaba violando la confianza del profesor si decía algo (además de que no sabía quién me estaba viendo).

Pero si no había alguien disponible para aplicarme una prueba, tenía que esperar a que el profesor lo hiciera después. En la secundaria y la preparatoria odiaba tener que hacer los exámenes después de la fecha programada, pues en la mayoría de esas ocasiones yo no lo sabía de antemano e igualmente tenía que estar preparada, además de que por lo general se empalmaba con trabajos o pruebas de otras materias.

Cuando presenté el examen de admisión para entrar a la universidad, fui antes a explicarles que era ciega y que necesitaba que alguien me leyera las preguntas y escribiera mis respuestas. Lo entendieron perfectamente y acordamos que yo lo haría un día antes que el resto de la gente para que la persona que me lo aplicara pudiera ayudar a vigilar a los demás aspirantes al día siguiente.

Llegó la fecha. Presenté el examen y esperé los resultados. Cuando poco después de un mes fui a recogerlos, quedé en shock cuando me enteré de que no sólo no había sido admitida a la universidad, sino que había quedado en el último lugar de todos los aspirantes a la carrera de relaciones internacionales. Yo no podía creerlo. Si bien estaba consciente de que había cometido errores, cuando hice el examen sentí que me había ido bastante bien. Aunque no hubiera sido de las mejores aspirantes, sí sentía que tenía un lugar merecido y no entendía qué podía haber pasado.

En lo que pensaba cómo averiguar por qué el mal resultado, tenía que encontrar otra universidad para poder continuar con mis estudios. Me inscribí para tomar los exámenes de admisión y básicamente seguimos la misma mecánica que en la primera universidad. A la semana siguiente me avisaron que había sido admitida y me pidieron que me entrevistara con el director de la carrera, para hablar sobre la logística: cómo podría hacer las lecturas, etc.

En eso estaba cuando un día suena el teléfono de mi casa. Contesto y una persona muy amable pregunta por mí, diciendo que hablaba de la primera universidad para que fuera a recoger los resultados de mi examen de admisión, notificar si tomaría el lugar, iniciar los trámites de inscripción, etc. Cuando oí eso le dije que tal vez había habido un error, porque yo había ido ya por mis resultados y que de hecho se me había hecho muy raro que no hubiera aprobado el examen. Me dijeron que en efecto, había habido un error, que fuera a hablar con una fulanita en rectoría. Así lo hice y entonces me enteré que cuando la persona que me aplicó el examen vio mis resultados, no le pareció lógico y pensó que algo estaba mal. Gracias a ella, volvieron a revisar mi examen y se dieron cuenta que la primera vez lo habían calificado usando la answer key correspondiente al examen que el resto de la gente presentó al día siguiente de que yo lo hice. En pocas palabras, para evitar que yo pudiera decirle a alguien lo que venía, habían optado por aplicarme una prueba anterior, pero no se dieron cuenta de ello al calificarme.

Así se resolvió el misterio. Como esa era mi primera opción de carrera y universidad, con la pena tuve que ir a la otra a darles las gracias y decirles que siempre no estudiaría con ellos.

Writer’s block

Hace mucho que no escribo. Me metí de lleno en el primer borrador de mi propuesta de tesis y ahora estoy ya con el segundo, incorporando las correcciones y comentarios de mi supervisora. Estoy reescribiendo algunas secciones, agregando puntos de análisis y moviendo algunos apartados. Definitivamente no avanzo con la velocidad que yo quisiera. Leo, resumo, hago anotaciones, se me ocurren cosas interesantes, escribo algunos párrafos, se me quita la inspiración y termino buscando más artículos o libros que me puedan servir para fortalecer algunas secciones, aunque racionalmente sé que tengo ya material de sobra.

Intento avanzar lo más rápido que pueda y tampoco me doy tiempo para actualizar mis bitácoras, para bloggear ni para contestar o escribir correos. Me gustaría poderle agregar más gigas de ram a mi cerebro. Si bien paso la mayor parte del tiempo en la compu trabajando, confieso que por lo general termino haciendo varias cosas al mismo tiempo: googleo algún dato, checo alguna nota bibliográfica y de paso busco, bajo y hasta leo algún otro paper, además de checar mi correo o las noticias al menos una vez cada hora. Estoy sumamente dispersa. Es como un círculo vicioso: el saber que no avanzo rápido me angustia y me estresa, lo cuál tampoco ayuda en nada a mi concentración.

Si bien estuve dedicándole tiempo a otros proyectos que debía terminar antes de finales de mayo, ahora que estoy otra vez trabajando en la propuesta de lleno debo disciplinarme y aprovechar mejor el tiempo. No basta con dedicar un determinado número de horas al día exclusivamente para trabajar en la propuesta. Necesito Dedicarme a escribir y realmente entender que no me alcanzará el tiempo para leer todos los papers o libros remotamente relacionados con mi tema de tesis.

La falta de tiempo me ha vuelto muy desorganizada para mis propios standards. Así que este fin de semana me dediqué a arreglar mis archivos en la computadora y a organizar mis notas, así que espero inspirarme y romper el círculo vicioso de una vez por todas.

Prueba de fuego

El sábado en la madrugada, a eso de las 5:00 sonó la alarma de incendios. Al principio pensé que era una pesadilla, pero cuando me di cuenta que era real, desperté a J a gritos, me vestí con lo primero que encontré para salir y mientras llamaba a Luke, tomé los pasaportes y agarré la bolsa que había usado el día anterior (irónicamente era una de las chicas, por lo que traía muy pocas cosas). Le puse el arnés a Luke y nosotros salimos primero, en lo que J lograba tomar a los gatos, que estaban asustados y habían corrido a esconderse. Aunque hacia el otro extremo del pasillo olía a humo y como a plástico quemado, me di cuenta que el problema no estaba en nuestro piso. Comencé a bajar las escaleras con Luke. Nos Fuimos encontrando más vecinos que bajaban y finalmente llegamos al primer piso, en donde salimos. Luke bastante tranquilo, me guiaba siguiendo a la gente. Me dijeron que ya estaban los bomberos ahí. Aunque seguía sonando la alarma y continuaba bajando más gente, la situación parecía estar siendo controlada. En eso llegó J con Moncho que estaba asustadísimo y no dejaba de maullar y me lo dejó, para que él pudiera regresar a recoger a Francisca porque se había escondido y él no podía con los dos gatos. En eso me di cuenta de que ¡había olvidado mi celular! Y comencé a pensar en todas mis cosas… y en que ojalá a nuestro departamento no le pasara nada y que todo quedara en un susto. Alguien comentó que al menos no había sido a las 3:00 AM y yo dije que más bien menos mal que no estábamos a -20 grados centígrados, como el fin de semana anterior y principios de esa misma semana. No quiero ni imaginarme tener que salir así con nieve y -30 grados con viento; seguro no habría tiempo de buscar los guantes, gorro, y todo lo demás. En ese momento debemos haber estado a cero grados, y la verdad no se sentía tanto frío (todo es relativo).

Finalmente llegó J con Francisca. Aunque yo no traía reloj, calculo que el pobre bajó, me dejó a Moncho, subió y volvió a bajar los ocho pisos por las escaleras en alrededor de cinco minutos. Una vez juntos, nos fuimos acercando al frente del edificio, en donde la gente estaba reuniéndose para ver qué noticias había y cómo iba la cosa. Yo estaba un poco preocupada de que cuando Luke viera a los otros perros del edificio (muchos de los cuales estaban ladrando) con sus dueños querría irse con ellos a jugar (como hace muchas veces al ver un perro) y yo tendría que corregirlo, lo cuál podría hacer más difícil la cosa. Pero para mi sorpresa, Lucas los ignoró y siguió caminando hasta que llegamos al estacionamiento. Ahí nos encontramos a dos parejas de amigos (también con sus gatos) que coincidentemente viven en el mismo edificio y nos quedamos esperando hasta que nos dijeron que ya no había peligro y la gente empezó a entrar al edificio y subir a sus departamentos.

El problema fue en uno de los departamentos del primer piso, en donde alguien estaba haciendo papas a la francesa… se le olvidó apagar la estufa y finalmente se incendió la cocina. No sé cuánto tiempo pasó desde que sonó la alarma hasta que llegaron los bomberos, pero sí me impresionó la eficiencia. Por cierto, ese día también nos enteramos que si hace mucho frío, casi junto con los bomberos llegan camiones para que la gente se refugie en lo que controlan el incendio y no tener que estar a la intemperie. Es bueno saber eso.

Cuando era niña en una ocasión estando de viaje con mis papás y mi hermano tuvimos que salir corriendo de nuestro cuarto a media noche en un hotel de San Antonio porque había un pequeño incendio. En esa ocasión tampoco pasó nada grave y pudimos regresar a nuestro cuarto relativamente rápido. Desde esa experiencia (además de que soy previsora y paranoide), procuro tener unos zapatos y algo con que cubrirme al alcance de la mano por cualquier cosa. Sin embargo, esta vez también aprendimos otras lecciones: de entrada, ya tenemos las transportadoras de los gatos en la casa y no hasta abajo en la bodega por si necesitamos sacarlos de emergencia como ese día y no tener que hacerlo en los brazos, con el riesgo de que se nos escapen. Además, ahora sí tendremos preparada una mochila o portafolio con nuestros papeles más importantes. Yo pienso meter ahí un disco duro con el respaldo de mis documentos electrónicos.

Lo que más me dio gusto, aparte, claro, de que la cosa no pasara a mayores, fue la reacción y responsabilidad de Luke. Yo pensaba que al ver a los otros perros se iría a jugar, pero mostró una cordura impresionante. Yo digo que ese día maduró. Ciertamente todo era extraño… el ruido de la alarma, yo levantándome y despertando a J a gritos en medio de la noche, todos corriendo y saliendo del edificio en masa. Entendió que se trataba de algo serio y que yo lo necesitaba, no era momento de jugar. Mi perro se portó a la altura de las circunstancias. Literalmente, ¡superamos la prueba de fuego!

Un tal Lucas

Mi nuevo perro guía es una cruza de labrador con Golden de color negro. Es un perro alto y sólido, sorprendentemente parecido a Roger físicamente. Se llama Luke y nació el 30 de marzo de 2007 (el mismo día que yo daba una presentación sobre Estados débiles y fallidos en mi clase de política comparada de países en desarrollo). El nombre de Luke me encanta; así como Helen en español era Helenita y Roger Rogelio, Luke es Lucas.

Desde las 8 semanas de nacido hasta el 30 de junio de 2008 Luke vivió en Brooklyn con su Puppy Walker, quien hizo un excelente trabajo con él. Así que es un perro de ciudad desde cachorro; lo llevaban varias veces a la semana en el metro y además vivió en un clima muy parecido al de Toronto, lo cual supongo que tuvo mucho que ver en el matching process.

Después de que supe su nombre, raza y color lo único que quería era verlo. Lo conocí el 13 de enero (el día después de llegar a la escuela). Yo estaba feliz de que fuera un perro negro, por varias razones: para empezar, ¡el negro combina con todo! La mayoría de mis pantalones de vestir son negros, así que para mí es más práctico tener un perro obscuro, por eso de los pelos. Por otro lado, el negro es negro y ya, no hay diferencia como sucede con los labradores amarillos o los golden, que pueden variar desde marfil hasta rojizo, por lo que, habiendo visto los colores antes, ya sé exactamente cómo es mi perro. Dicho todo lo anterior, yo estaba abierta a recibir un perro que no fuera negro, siempre que fuera un buen match para mí; el hecho de que sea negro fue una afortunada coincidencia. Cuando Doug, el instructor, me trajo a Luke a mi cuarto y yo lo llamé para acariciarlo, vino contento, pero cuando Doug se fue para dejarnos solos e iniciar así nuestra relación (el bonding process), Luke se quedó viendo a la puerta, aunque después se dejó acariciar moviendo la cola y se echó en el suelo. De repente cuando oía al entrenador a lo lejos gemía un poquito, como queriendo ir con él. Luke tuvo que aprender a obedecerme y respetarme de la noche a la mañana, sin haberme visto nunca antes.

Por lo general, el curso en la escuela con un nuevo perro guía dura 26 días. Inicia con cosas muy sencillas, como calles y caminos rectos, y gradualmente aumenta el nivel de dificultad. Esta vez tuve la oportunidad de tomar un entrenamiento combinado, parte en la escuela en Nueva York y parte en Toronto. Estuve allá doce días que fueron super intensivos. La próxima semana viene el entrenador a Toronto para supervisar cómo vamos y terminar lo que haya quedado pendiente; después de eso ya estaremos oficialmente graduados como equipo.

La primera caminata con Luke ya con el arnés fue en un parque, en línea recta sin cruces de calles; como quien dice, el objetivo es medir al perro: ver a qué velocidad camina, con qué fuerza jala, qué tan responsivo es a los comandos, etc. Lo que hizo de esa caminata un reto fue el hielo, pero lo sorteamos bastante bien. Justo a la semana de habernos conocido fuimos a Manhattan, para entrenar allá en el metro, en una zona completamente urbana. El primer día fuimos en tren desde Long Island hasta Brooklyn, en donde tomamos el metro para luego caminar sobre el puente de Brooklyn y llegar así a Manhattan, tomar el metro de nuevo y caminar un poco en la calle. Hacía mucho frío pero había sol y la caminata en el puente estuvo increíble. La vista era espectacular: de un lado la ciudad de Nueva York y del otro, la Estatua de la Libertad y Ellis Island. Después de más de cinco meses sin un perro guía, el poder caminar con tanta soltura y libertad por un lugar desconocido, con los ruidos de los coches y el río debajo del puente y El viento en la cara, fue algo casi mágico. Al día siguiente nos concentramos en caminar entre la gente y cruzar calles. Luke se mueve perfectamente bien entre las multitudes y no le incomodan en lo absoluto los ruidos fuertes.

El tiempo promedio para que un nuevo equipo funcione como unidad es de seis meses a un año. Él tiene que acostumbrarse a mí y vice versa. Por ejemplo, él debe aprender a jalarme con un poco más de fuerza para que en caso que traiga una bolsa grande en el lado derecho no rose con ningún obstáculo, yo debo aprender cómo me jala, cómo se detiene, cómo reacciona con el tráfico, cómo se mueve y demás, hasta que ambos conozcamos perfectamente nuestro lenguaje corporal y hagamos las cosas casi en automático. Cada perro tiene una personalidad distinta y es difícil no compararlo con el anterior. Luke aún no cumple dos años y a veces se comporta como adolescente. Aún se distrae un poco cuando ve algún perro en la calle. Además, todavía le tengo que recordar que se fije en la curb, para que se detenga en el lugar adecuado en la esquina, lo cual ahora es más complicado por los bancos de nieve y los charcos helados. Pero es un perro muy inteligente que aprende muy rápido y además le gusta mucho su trabajo, así que es cuestión de perseverancia, paciencia, ser constante y consistente. Sí es mucho trabajo, ¡pero definitivamente vale la pena! No cambio por nada el tener un perro guía.

Cuando llegamos a la casa seguí las instrucciones del entrenador y dejé a Luke oler a los gatos, pero aún agarrado con la correa. Francisca sí le hisseó bastante cuando él se acercó a ella y ahora Luke toma su distancia, aunque es bastante intrépido y la huele cuando tiene oportunidad. A diferencia de Roger, creo que Moncho y Lucas serán muy buenos amigos. Desde el principio se olieron las narices y las colas y se buscan mutuamente. Luke quisiera jugar con Moncho, pero cuando el gato corre, el perro lo persigue a toda velocidad (sin darse cuenta de la diferencia de tamaño), lo cual por supuesto asusta un poco a Moncho. Con todo, en ese sentido la cosa está siendo más fácil de lo que yo pensé.

Yo tengo que estar en control todo el tiempo en esta etapa de ajuste, en la que la interacción con otras personas debe ser mínima. J ha sido super apoyador con eso también; aunque se le antoja muchísimo jugar con el perro, entiende que es importante que Luke sólo me haga caso a mí y se limita a hacerle una caricia de vez en cuando. Una vez que ya estemos bien acoplados, Lucas disfrutará de muchos privilegios, como jugar con J.

Cuenta regresiva

Llegó el frío, los días cortos y la falta de sol, que hasta a mí me deprime. Hoy la temperatura máxima fue -1 y en la noche llegará a -12, el sol salió a las 7:42 y se puso a las 4:42. Termina el semestre y con ello aumenta el trabajo y los deadlines. Todo ello además de trámites burocráticos, formas que llenar, reportes e informes que preparar. Necesito optimizar el tiempo, pero sin dejar de hacer otras cosas como bloggear, cocinar y usar la caminadora.

Empieza la cuenta regresiva. Falta menos de tres semanas para que se termine el 2008 y lo mejor, ¡exactamente un mes para viajar a Nueva York en donde conoceré y entrenaré con mi nuevo perro guía! No sé nada sobre él o ella más allá de que es un buen match para mí, así que seguro es un perro de ciudad. Los perros guía son seleccionados casi a la medida del usuario. Hay que tomar en cuenta desde características físicas como fuerza y tamaño o la velocidad para caminar tanto del perro como de la persona ciega, hasta el ambiente en que trabajará el perro la mayor parte del tiempo: ciudad, suburbios o zona rural. Los perros urbanos son más tolerantes a ruidos fuertes y no tienen problemas para viajar en el metro o camiones, por ejemplo.

Sobra decir que muero de ganas de saber algo concreto sobre mi perro antes de enero. Pero por mucho que piense o especule no conoceré ni su nombre ni su género, ni sabré su raza o color antes del día que nos veamos por primera vez. Aunque la espera me ha parecido eterna, la noticia no pudo llegar en mejor momento, pues si bien creo que sí he mejorado utilizando el bastón, ahora que ya hay un poco de nieve y mucho hielo en la calle no me atrevo a salir sola. No tanto por miedo a resbalarme en el hielo, sino porque si todo está congelado es mucho más difícil distinguir señales como pequeños desniveles en el suelo o la diferencia entre distintas superficies sólo con el bastón.

Esta será la primera vez que me tocará entrenar con un perro nuevo en pleno invierno y estoy segura de que puede ser un reto en muchos sentidos. Aunque no me encanta la idea de pasar mucho tiempo a la intemperie con temperaturas congelantes, sí será positivo que tengamos que enfrentarnos a la nieve y el hielo desde el principio. Si superamos eso, creo que lo demás será mucho más fácil. Regresando de Long Island vendrá el instructor para terminar de entrenar en Toronto, en nuestros caminos y en nuestro metro. Así que aunque nunca pensé que diría esto, espero que sí haya mucha nieve (aunque no tanta como el año pasado)… mientras tengamos a alguien que nos supervise.

En ese sentido, el 2009 pinta bien para mí. Seguiré contando los días… ¿hasta el 12 de enero!

Extraño personaje

Mientras esperábamos el tranvía (que los toronteanos llaman streetcar) se formó en la fila una mujer bastante extraña. Su estatura era mediana y llevaba pantalones negros de nylon, chamarra blanca gruesa también de nylon completamente cerrada y guantes, a pesar de que no estaba haciendo tanto frío. Traía un gran gorro blanco que le cubría una buena parte de la cara, además de unos lentezotes oscuros con los armazones también blancos. Iba sola y llevaba algo que emitía un sonido raro, una especie de graznido o sonido gutural continuo, como si fuera un pato de juguete. Nunca supimos si era una grabación, un animal pequeño o si se trataba del mecanismo de algún aparato.

Subió al tranvía con el resto de la gente, se sentó y colocó en el suelo una bolsa de tela de color verde militar que traía. El graznido seguía constante, parecía provenir de esa bolsa. Más o menos cada dos minutos ella repetía algo ininteligible, hablando en una lengua rara y difícil de identificar. Se sentía una vibra extraña y el tranvía estaba más silencioso que de costumbre, lo que de alguna manera parecía amplificar el sonido del graznido. Hubo quien se cambió de lugar para alejarse de ella, pero nadie dijo nada.

Cuando nos bajamos ella se quedó en el tranvía. Francamente me sentí aliviada de alejarme, ni siquiera sé bien por qué si la mujer parecía ser completamente inofensiva, iba en lo suyo y no se metió con nadie.

Toda ella, empezando por el graznido constante que la acompañaba, daba una impresión muy rara. Puede haberse tratado simplemente de una mujer que llevaba en su bolsa un patito de regalo a algún nieto y le hablaba para tranquilizarlo. Otra posibilidad es que haya sido una actriz tomando parte en un experimento o instalación artística para ver cómo reaccionaría la gente al encontrarse y tener que compartir su espacio con un personaje tan extraño.

Libros para ciegos

El otro día un amigo me recomendóun libro. ¿Te sirve que te lo preste? ¿Si quieres leer algún libro, cómo lo haces? ¿En Braille? Mi respuesta corta fue: primero déjame buscar el libro en algún formato alternativo (audio o texto electrónico) y si no está disponible, sí te lo pido para escanearlo yo misma.

La variedad de títulos disponibles en Braille siempre ha sido más bien limitada. Además, la producción de materiales en ese sistema de lectura para ciegos es tardada y puede ser considerablemente cara. El Braille consiste en seis puntos (dos columnas verticales de tres puntos cada una) que, dependiendo su número y posición, corresponden a letras o signos de puntuación. Los puntos son perforados en una hoja de papel para que se resalten y puedan después ser distinguidos al tacto. Son 64 distintas combinaciones. En idiomas que utilizan caracteres latinos, las letras o números son iguales, pero se utilizan caracteres distintos para signos de puntuación, letras acentuadas y abreviaturas.

Una de las desventajas del Braille es que los materiales producidos en este sistema por lo general ocupan mucho espacio. En una página Braille promedio hay 25 renglones de alrededor de 35 caracteres; en contraste, en una hoja tamaño carta hay más o menos 45 líneas de unos 80 caracteres. Además, el papel que debe utilizarse es considerablemente más grueso. Lo voluminoso de los libros en Braille los hace difíciles de transportar y poco prácticos. Por ejemplo, de niña yo tenía un diccionario que constaba de 16 tomos grandes y gruesos, aproximadamente de 300 páginas cada uno, así que por supuesto no podía llevarlo a la escuela diariamente.

Hasta hace menos de diez años, los libros hablados eran grabados en casetes de cuatro pistas, y tenían que ser escuchados en reproductores adaptados. Por un lado, ese formato aumentaba la capacidad de almacenamiento del casete, además de dificultar el copiado de estos materiales. Pero al igual que con el Braille, la variedad de libros hablados no era amplia. Así, antes de contar con scanners y computadoras parlantes, los ciegos en general dependíamos mucho más que ahora de lectores humanos.
El fácil acceso a reproductores de MP3 ayudó a que los audiolibros se hicieran más populares entre el público en general, con lo que la selección de títulos comerciales aumentó considerablemente, tanto en disco compacto como libros descargables de sitios como Audible.

La tecnología adaptativa ha aumentado casi infinitamente las posibilidades de acceso a información y lectura para los ciegos. Las computadoras equipadas con lectores de pantalla como JAWS, Window-Eyes y Hal permiten leer textos electrónicos en Word o en Internet. Pero aunque en la actualidad los libros son escritos y editados en computadora, la mayoría de las veces no podemos acceder a la versión electrónica de los libros por cuestión de derechos de autor.

Si queremos o necesitamos leer un libro que no está disponible en algún formato accesible, no hay más remedio que escanearlo, lo cual puede tomar muchas horas dependiendo el libro. Hay que pasar cada página y ponerla sobre el vidrio del scanner, además de correr el software de reconocimiento óptico de caracteres (OCR). También es importante la calidad del original; libros subrayados o con notas a mano sobre las letras o en los márgenes son especialmente problemáticos a la hora de hacer el OCR.

Hay varias bibliotecas electrónicas en internet.
Project Gutenberg por ejemplo tiene una gran colección de libros electrónicos de dominio público, pues su Copy Right ya venció. La mayoría de los textos que se encuentran en esa página son previos a 1923.

Existen también sitios exclusivos para lectores ciegos de donde se pueden bajar textos electrónicos, que son leídos en la computadora utilizando un lector de pantalla. Para pertenecer a este tipo de bibliotecas virtuales es necesario comprobar que uno tiene discapacidad visual. Los usuarios a su vez pueden subir los libros que escanean para compartirlos, aumentando así el número de títulos disponibles para los miembros.

Algunas de estas bibliotecas logran establecer alianzas con casas editoriales que les ceden los derechos de los libros, para uso exclusivo de personas ciegas. Tal es el caso de Tiflolibros, la mayoría de cuyos usuarios son de habla hispana.

Un proyecto similar es Bookshare Sin embargo, por cuestiones de copyright, alrededor del 90% de los libros pueden ser descargados y utilizados por ciudadanos norteamericanos o personas residentes en Estados Unidos sólamente.

Creo que la legislación mundial en materia de derechos de autor debería contemplar excepciones para las personas ciegas o para aquellas que por cualquier otra razón no pueden leer un libro impreso en papel y tinta. Así podría evitarse la multiplicación de esfuerzos para poner un mismo libro en formato accesible en distintos países. De hecho existe una importante iniciativa que se está promoviendo desde la Unión Mundial de Ciegos . Se trata de impulsar en la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) la firma de un tratado internacionalque establezca la base de excepciones al Copyright para los libros para ciegos a nivel internacional. Existen posibilidades concretas de que este tratado se discuta en la próxima reunión de la OMPI, que se realizará en Ginebra del 3 al 7 de noviembre. Espero que se logren los acuerdos necesarios para que se firme el tratado y así se establezca claramente el procedimiento para que las personas ciegas puedan acceder de forma sencilla y sin conflictos con derechos de autor a obras literarias y científicas.