Agregador de RSS accesible

Desde 2005 soy fan del RSS. Como a todo el mundo, el tener un programita que me mostrara los feeds me permitía trabajar más eficientemente. Pero para mí y para los demás usuarios de lectores de pantalla, el RSS tiene la ventaja adicional de que, al tener los links directos a noticias o artículos de interés, nos evita el tener que navegar por páginas llenas de imágenes o bien sitios en los que no todos los links están etiquetados en texto (que son muchas).

El primer agregador que utilicé fue
SharpReader

Hasta la versión 0.9.6.0, este programa es sumamente accesible con JAWS. Con tab y shift+tab es posible moverse entre la lista principal de feeds, los títulos de cada nota o artículo dentro de cada feed y el cuerpo propiamente de los artículos.

Desconozco por qué razón Luke Hutteman
, el creador de este simple pero útil programita no lo actualizó más. En cualquier caso, la última versión (0.9.7.0) de agosto de 2006 ya no permite regresar a la lista de feeds o artículos con shift+tab después de haber estado en el cuerpo de un feed. Para hacerlo, es necesario usar el cursor de JAWS, pero si por alguna razón la ventana no está maximizada o si algún ícono de otro programa se interpone no siempre funciona a la primera.

Afortunadamente yo tenía el instalador de la versión anterior y pude así volver a disfrutar las ventajas del RSS. El único problema es que, a pesar de que acomodar los feeds en distintos folders es muy fácil utilizando el Mouse, no es posible hacerlo usando solamente el teclado. En una ocasión J me ayudó a organizar mis feeds, pero yo quería encontrar una manera de hacerlo de manera independiente, porque además constantemente agrego cosas. Me di a la tarea de buscar distintos agregadores de RSS. Probé FeedReader
y FeedDemon
Que resultaron completamente inaccesibles para JAWS.

Aunque los agregadores en línea no me encantan porque prefiero tener una aplicación dedicada a los feeds, probé Bloglines
Que es más accessible que NewsGator
pues la página del segundo no tiene todos los links etiquetados con texto y eso complica las cosas para JAWS.

Probé también GoogleReader
Y aunque sí es fácil moverse por los feeds, es un sitio más visual que amigable para JAWS. Además, igual que en SharpReader, tampoco es posible organizar los feeds sin usar el Mouse.

Encontré Accessible RSS
Pero a pesar de que moverse por los feeds es muy fácil usando shortcuts, no existe la opción de organizarlos en distintos folders. Incluso no se pueden importar archivos .opml si los feeds están ya en folders. El programa es accesible y puede ser funcional, pero no para muchos feeds.

Resultó que la mejor opción para JAWS es el feed reader integrado en Internet Explorer 7. Aunque prefiero Firefox mil veces, decidí intentar el IE como agregador y resultó mucho mejor de lo que pensaba.

JAWS nos permite ir al botón o la lista de feeds dentro del toolbar en IE pulsando control+j. Una vez en la lista, las flechas se usan para movernos de feed en feed o de folder en folder. Agregar nuevos feeds es muy fácil. Alt+j abre el url del feed específico y después de pulsar enter se abre un diálogo que permite poner el nuevo feed en el folder seleccionado. Pero lo mejor es que es muy fácil organizar todos los feeds en folders sin utilizar el Mouse, solamente con el teclado.

El menú contextual permite crear un nuevo folder (w), cortar los feeds que queremos cambiar de lugar (t) y pegarlos después en el folder seleccionado, una vez que nos movemos a él con las flechas.

Como ya dije, no me encanta la idea de tener los feeds integrados al brouser y tampoco quería tener que usar el IE para leer el contenido que me interesara. Así que opté por usar el agregador de IE para organizar mis feeds en distintos folders y luego sólo exporté el archivo opml a la versión más accesible de Sharpreader. ¡Funcionó perfecto! Ahora tengo mis feeds organizados y puedo leer los artículos en Firefox.

Creo que la mejor opción es esa. Cuando sea necesario organizar los feeds de nuevo volveré a importar mi opml a IE para hacerlo ahí y luego lo exportaré a SharpReader. De cualquier manera voy a seguir buscando otras opciones o intentaré crear scripts para poder usar JAWS con agregadores más actualizados como FeedReader, porque ya me ha pasado que la versión accesible de SharpReader (de hace tres años) marca error de compatibilidad en algunos feeds.

Thanksgiving canadiense

Hoy se celebra Thanksgiving en Canadá. A diferencia de Estados Unidos en donde el Día de Acción de Gracias es el cuarto jueves de noviembre, Aquí siempre es el segundo lunes de octubre. La comida o cena del Día de Gracias es un evento más bien familiar y aunque el lunes es asueto, puede realizarse cualquiera de los tres días del fin de semana largo. La gente también aprovecha estos días para salir al campo y contemplar las hojas de los árboles de distintos colores por el otoño o para pasar un último fin de semana en sus cabañas antes de que el tiempo empeore y tengan que cerrarlas en preparación para el invierno.

Son varias las tradiciones alrededor de la celebración del Día de Gracias en este país. En primer lugar, los granjeros europeos realizaban celebraciones durante la cosecha, para dar gracias por su buena fortuna, por una cosecha próspera y por la abundancia de comida. Llenaban un cuerno curvo de cabra con frutos y granos, conocido como cornucopia o cuerno de la abundancia. Cuando los granjeros europeos llegaron a Canadá, trajeron consigo esa tradición.

Por otro lado, la historia del día de gracias en Canadá se relaciona con Martin Frobisher, un navegante inglés que intentó afanosamente encontrar una ruta de paso hacia el oriente que estuviera más al norte. Aunque no lo consiguió, fundó una colonia en América del Norte. En 1578 Frobisher presidió una ceremonia formal en lo que hoy se conoce como Newfoundland (Terra Nova), para dar gracias por haber sobrevivido el largo viaje. Colonos posteriores continuaron con la celebración de esas ceremonias. Asimismo, en el siglo XVII llegó a Canadá el navegante francés Samuel de Champlain y con él, otros colonos franceses. Su grupo llevaba a cabo grandes fiestas para dar gracias por las cosechas, eventos en los que compartían su comida con los habitantes nativos quienes así participaban de sus celebraciones.

La tercera influencia se remonta a 1621. En lo que hoy es Estados Unidos, los pilgrims (puritanos) colonizadores ingleses, celebraron su primera cosecha en el nuevo mundo en Plymouth, Massachusetts. Poco más de un siglo después, la misma celebración de agradecer por la cosecha fue llevada a Nueva Escocia por colonos americanos provenientes del sur. Durante la Guerra de independencia de Estados Unidos, aquellos que eran leales a Inglaterra se fueron a Canadá, llevando consigo las costumbres y celebraciones del Día de Gracias.

En 1879 el Parlamento instituyó el 6 de noviembre como Día de Acción de gracias, declarándolo también día de fiesta nacional. A lo largo de los años se usaron diferentes fechas para celebrar el Día de Gracias en Canadá, siendo la más popular el tercer lunes de octubre. Después de la Primera Guerra Mundial, el Día del Armisticio y el Día de Acción de Gracias se celebraban en una misma fecha, siempre el lunes de la semana en la que cayera el 11 de noviembre. En 1931, cada uno constituyó una celebración independiente y distinta. El Día del Armisticio (Armistice Day) fue nombrado Remembrance Day.

El 31 de enero de 1957, el Parlamento proclamó la instauración del segundo lunes de octubre como la fecha de las celebraciones de Acción de Gracias: “Un día general para dar gracias al Dios todopoderoso por la abundante cosecha con la que Canadá ha sido bendecida…”

Perro guía vs. bastón blanco

Desde que recibí mi primera perra guía en 1994 hasta agosto de este año que murió Roger, creo que usé el bastón blanco menos de diez veces. Ahora que he tenido que utilizarlo en lo que entreno con un nuevo perro, valoro aún más el trabajo de estos animales. Para mí es una diferencia como del cielo a la tierra.

El bastón blanco es un signo casi universal que distingue a los ciegos. El principio para su funcionamiento es interesante. Hay que tomarlo de la parte de arriba y ponerlo como en diagonal sobre el piso, de manera que la punta quede más o menos un metro delante de la persona ciega e irlo deslizando hacia ambos lados, como haciendo un pequeño semicírculo. Al ir moviendo el bastón se va tanteando el camino y así es cómo el ciego se da cuenta cuando hay algo delante suyo y que tiene que hacerse hacia uno u otro lado para esquivarlo. Suena simple, pero está lejos de serlo.

Parte de la magia de tener un perro guía es que estos animales evitan y rodean los mismos obstáculos que constituyen indicaciones táctiles para el bastón. Además, los perros guía obviamente ven por dónde se puede pasar… aunque con el bastón sí es posible detectar que hay algo enfrente, no siempre es tan fácil encontrar el mejor camino o la mejor manera de rodearlo.

Con un perro guía definitivamente todo fluye más rápido. Se trata de un trabajo en equipo: la persona ciega tiene que saber a dónde va y cómo llegar a su destino, y el perro sigue las instrucciones de su amo y lo conduce evitándole obstáculos o señalándole escaleras, puertas, sillas, etc. El perro guía se convierte así en los ojos de su amo ciego. Ellos eventualmente sí terminan aprendiéndose los caminos que recorren frecuentemente, pero el ciego siempre debe saber a dónde va y cómo llegar para darle instrucciones precisas al perro. Es importante saber dónde dar vuelta, cuántas cuadras caminar, incluso de qué lado de la calle está el edificio que buscamos. Al llegar a un cruce de calle, el perro se detiene y es la persona ciega quien decide cuándo cruzar, una vez que escucha que el tráfico paralelo ha empezado a avanzar. Es importante cruzar recién que cambia la luz, para tener más tiempo. El trabajo del perro en el cruce consiste en llevar a su amo a la banqueta siguiendo una línea recta, lo cuál a mí me cuesta mucho hacer con el bastón.

Ahora que tengo que recorrer los mismos caminos por los que Roger me guiaba usando el bastón, me doy cuenta de que, a pesar de que llegara a distraerse, su trabajo era realmente excelente. Jamás me imaginé que hubiera tantos obstáculos que ahora yo me topo con el bastón: basureros, masetas, jardineras, árboles, anuncios de calles, bicicletas, hidrantes, bancas, paraderos de autobús,
parquímetros, postes, gente, etc. Si bien las banquetas en Toronto son más anchas que muchas en el D.F. usando el bastón me queda claro que en realidad son más angostas de lo que yo pensaba. Ahora entiendo por qué los bancos de nieve cubrían tanto espacio sobre ellas.

Por supuesto la práctica hace al maestro y hay ciegos que son sumamente hábiles con el bastón, mis respetos para ellos. Para alguien como yo, que he tenido la fortuna de tener un perro guía, la transición ha sido muy difícil… como decimos en México, definitivamente no me hallo con el bastón. Afortunadamente sólo es algo temporal, no puedo esperar para tener un nuevo perro guía.

Perdida en un antro

En México le llamamos antros a los centros nocturnos, discotecas, clubs o bares; son lugares donde se sirve alcohol, hay música y la gente baila.

A mí me gustan más los bares o lounges, en donde la música no es tan fuerte y se puede mantener una conversación. Nunca han sido mi máximo los antros más ruidosos en donde principalmente se va a bailar. El volumen de la música y por ello poder hablar poco me hace sentir aislada. Además, nunca he sido la mejor bailarina del mundo. Soy más bien como self-councious y si me siento observada me cohíbo. Pero en las raras ocasiones en que sí estoy de humor de antro, me tomo unos dos tragos, se me quita la pena y hasta me divierto intentando bailar, aunque sí es importante que con quien esté bailando sepa llevarme.

Cuando tomo alcohol, oigo borroso (supongo que es como cuando la gente ve borroso). Yo digo que cuando bebo, no tengo cuatro sentidos sino alrededor de 3.5. Por lo general, nunca he llevado a ninguno de mis perros guía a los antros, básicamente por ellos, para evitar que la gente que está tomando y no pone atención los pise, por ejemplo.

Cuando estaba haciendo mi maestría en San Diego, fuimos a celebrar el cumpleaños de una buena amiga a Café Sevilla, un antro para bailar salsa. Éramos un grupo como de 12 personas. Esa noche yo estaba contenta, platicando con mis amigos y tomando un trago, cuando llegó un chico y me invitó a bailar. Una de mis amigas me dijo que se veía buena onda y guapito, así que le dije que sí. “Thanks, pero soy ciega y tendrás que guiarme”. Y él “beg me?” (rogarme) Y yo “no, guide me!” Él empezó a caminar hacia la pista y yo me medio agarré de su brazo como pude. Me guió tan mal que yo me puse toda tensa y temí que el baile sería un desastre, así que esperaba que fuera una canción muy corta para regresar a mi mesa lo más pronto posible. Pero para mi sorpresa, desde que llegamos a la pista, él me tomó de las manos y me empezó a mover con muchísimo ritmo. Luego me abrazó sin dejar de llevarme y marcar el ritmo, hasta me daba vueltas y me hacía girar con gracia. ¡Yo jamás había bailado tan bien! De repente, después de bailar como cinco o seis canciones, me suelta y me dice: “OK, thank you, see you, bye”. Y simplemente se fue, dejándome en medio de la pista, mareada por las vueltas del baile y desorientada por el ruido de la música, por la gente que estaba bailando junto a mí y porque por supuesto yo seguía oyendo borroso.

Al principio sí medio me apaniqué, pero me tranquilicé pensando que en realidad no estaba en ningún peligro, todo era tan simple como encontrar a mis amigos. Pensé en esperar a que alguno de ellos viniera a bailar y me viera ahí, pero no quería estar parada a media pista como salero y tampoco quería seguir bailando yo sola. Intenté ubicarme y lentamente me fui acercando hacia donde yo pensaba que estaba la orilla de la pista. En eso me dice otro chico: “estás haciendo fila para tomar una cerveza?” y yo “no, de hecho estoy perdida. ¿Me puedes ayudar a encontrar a mis amigos?” Y él “estás bien?” y yo “sí, no te preocupes… no estoy loca ni ebria, simplemente soy ciega y me perdí. Y él “claro que te ayudo. Dime, ¿cómo son tus amigos? Si me los describes será más fácil que los encuentre”. Aunque en general sí tengo más o menos idea de cómo es la gente, (por comentarios o descripciones), en ese momento se me borró el cassette. Le repetí que era ciega y añadí que no estaba segura de que pudiera darle una descripción suficientemente clara o exacta como para encontrar a mis amigos entre toda la gente del lugar. Y él, al oír eso me dice “sorry, tienes razón, no te preocupes. Entonces dime ¿cómo vienen vestidos?” Y yo “uy, pues no les pregunté y no me dijeron.” Yo no sabía si llorar o reírme. Si no me estubiera pasando a mí, habría pensado que la situación era de lo más cómica. Finalmente le sugerí que si él me guiaba, podíamos recorrer un poco el antro, y le dije que seguro cuando mis amigos me vieran me dirían. Y en efecto, así fue. Cuando nos acercamos a mi mesa, mis amigos me dijeron “hola, aquí estamos.” Él me dejó con ellos, le agradecí su ayuda y se fue. Y en eso una de mis amigas me dice “oye, ¡pero ese no es con el que te fuiste a bailar!”. Y yo “no, es que el otro me dejó en medio de la pista y éste me ayudó a encontrarlos” y les conté mi pequeña aventura.

Yo supongo que el primero nunca se dio cuenta que yo era ciega y pensó que simplemente me había tomado de su brazo porque estaba mareada o ebria. De cualquier manera, esta experiencia me sirvió para ponerme de acuerdo con mis amigos. Cuando me fuera a bailar, además de asegurarnos de que el susodicho entendía que me tendría que traer de regreso a la mesa, ellos más o menos echarían un ojo a la pista. Viéndolo en retrospectiva, todo fue muy divertido, aunque en ese momento me pareció lejos de serlo. Me pregunto cómo se sienten otros ciegos en los antros. De cualquier manera, esta anécdota me confirmó que para que yo vaya a uno tengo que estar de un humor muy, muy especial.

Roger

Mi querido Roger:

El 15 de julio escribí una entrada en este blog en donde cuento un poco sobre ti. Hablé de la primera vez que nos vimos, justo 5 años antes, del entrenamiento en Nueva York, de nuestra llegada a México, y de cómo tú, al igual que Helen, aprendieron español. Lo titulé Cinco años con Roger para conmemorar el aniversario de cuando nos conocimos, sin imaginarme que más que un título, esa frase cobraría un nuevo significado poco menos de un mes después.

Yo siempre he sido muy clavada en las fechas. Desde que era niña me gustaba calcular en qué día de la semana había caído o caería algún cumpleaños o día de asueto. Me parece entretenido encontrar coincidencias en las fechas o días, además de que en general tengo buena memoria para recordar cumpleaños e incluso cosas menos trascendentes como qué día fui al cine a ver alguna película en particular.

El jueves 7 de agosto de 2003 nos entregaron nuestro diploma tras haber completado el entrenamiento en Long Island. Nos graduamos oficialmente como equipo y empezaba una nueva etapa. Jamás pensé que exactamente cinco años después tendría que despedirme de ti. Todavía no dejo de pensar en los tiempos y en la extraña coincidencia de las fechas.

El 7 de agosto de 2008, que por cierto también fue jueves, estábamos en Canadá, viviendo con J y los gatos justo desde hacía un año. Habíamos sobrevivido el invierno más crudo y con más nieve desde 1939, y yo ya me sentía bien encarrilada en el PhD, después de haber tomado los cursos más difíciles de toda mi vida y pasado los exámenes, además de haber superado alguna que otra crisis existencial. Gracias a tu ayuda, me sentía muy cómoda moviéndome aquí de manera independiente, aprovechando y embriagada con una libertad que no había conocido jamás en el D.F.

Ese día decidí bañarte en la mañana, para que estuvieras guapo y limpio para recibir a tus abuelos, mis papás que llegaban al día siguiente a pasar unos días de vacaciones con nosotros. Poco después de regresar de sacarte como todas las mañanas preparé las cosas en el baño y te llamé como siempre… y como siempre lo habías hecho, tú no querías bañarte, y mustiamente me ignorabas como si no oyeras. Como de costumbre, te soborné con una zanahoria bebé, pero cuando llegaste al baño no te la comiste. Aunque me pareció un poco raro, no le di mayor importancia. Te dejaste bañar apáticamente, pero cuando terminamos no te pusiste feliz como siempre, ni te sacudiste el agua, ni te saliste corriendo de la tina empapando todo, ni te empezaste a restregar contra la toalla ni moviste la cola como loco de felicidad. En lugar de eso, simplemente te echaste en el suelo y me dejaste secarte. Después llegó J y juntos intentábamos entender por qué estarías tan raro. Yo llegué a pensar en que te habías envenenado con algo que comiste en la calle sin que yo me diera cuenta.

A las pocas horas ya no querías levantarte, teníamos casi que cargarte para que te pararas. Llamé al vet para avisar que te iba a llevar y pedimos un taxi. Todavía te puse tu arnés para que fuera evidente que eras un perro guía y no perder el tiempo explicándole nada al taxista. Aunque te costó trabajo salir del taxi, entraste al consultorio caminando y al llegar te echaste en la sala de espera, en donde te examinaron y te hicieron varios análisis. Nos dijeron que había algo muy mal con tu corazón y que nos fuéramos a la sala de emergencias del hospital para animales, en donde el cardiólogo ya te estaba esperando.

Cuando Lynn, una señora que había llegado con su hijo a recoger a su perro que acababan de esterilizar, oyó que teníamos que irnos de urgencia nos ofreció llevarnos y con ello se ganó mi eterna gratitud. En verdad fue como un ángel guardián en ese momento. Tú estabas ya muy débil y te pusieron en una camilla que subieron en su camioneta. Llegamos al hospital en donde ingresaste a emergencias inmediatamente.

Menos de una hora más tarde, poco después de que terminamos de arreglar el papeleo de tu llegada a ese lugar, salió Karen, la doctora que llevaba tu caso. Nos informó que tenías una acumulación de líquido en torno al corazón, que le impedía latir de manera efectiva. ¡Por eso estabas tan débil! Ya te habían punzado para drenar el líquido y que así el corazón pudiera latir bien, estabas más estable y dentro de poco tiempo te veríamos. Te habían hecho más estudios y pronto tendríamos más información. Aunque Karen sí me dijo que era muy optimista pensar que tú volverías a trabajar, yo tenía esperanza de que te curaras y hasta me puse a pensar en la logística para llevarte a México usando por última vezz tu arnés y que así pudieras volar en la cabina del avión conmigo y que disfrutaras un muy merecido retiro en casa de mis papás.

Al poco tiempo Karen nos dio el diagnóstico: hemangiosarcoma. Se trata de un cáncer maligno de las células que forman los vasos sanguíneos. Este tipo de tumores se llenan de sangre y eventualmente se rompen, y es cuando esto sucede que se descubre la enfermedad en los perros. El hemangiosarcoma es un tumor sumamente agresivo, que se forma en aquellos órganos en donde hay mucha sangre como el bazo, el hígado y el corazón, y generalmente hace metástasis.

Karen nos dijo que si optábamos por seguir un tratamiento más conservador, en el que sólo te mantuvieran estable, estaríamos juntos unos pocos días más, diez en el mejor de los casos. También nos habló de cirugía y quimioterapia, con sobrevida de alrededor de seis meses. A mí me costaba asimilar todo lo que estaba pasando. Pero dado el pronóstico, J y yo planeamos traerte a la casa una vez que estuvieras más estable para consentirte unos días antes de despedirnos.

El resto de esa tarde estuvimos contigo en el área de terapia intensiva. Estabas muy adormilado, pero sí nos reconocías, levantabas la cabeza y hasta nos dabas la mano, como lo hiciste conmigo desde el primer día . Por supuesto tendrías que pasar ahí la noche, pero queríamos estar contigo lo más posible antes de irnos a la casa. Poco antes de que nos fuéramos, te volvieron a examinar. Tu corazón estaba lleno de fluido nuevamente, se había vuelto a formar en sólo tres horas. Karen habló con nosotros y nos dijo que tenían que volver a punzarte para estabilizarte de nuevo y que estos episodios podrían volver a repetirse en cualquier momento, que no sobrevivirías la noche. Te pusieron más suero, lo cual te estabilizó un poco, pero cada vez estabas más débil. Básicamente, tu cuerpo había ya tomado la decisión por nosotros. Aunque por supuesto yo estaba en shock, lo único que quería era evitar que tú sufrieras más y aunque se me partió el corazón, había llegado el momento de dormirte. Dejé de oír al resto del personal del hospital y a los otros animales que estaban también en terapia intensiva. J y yo estábamos en el suelo contigo, los tres fundidos en un abrazo fuerte e intenso, y Karen, ayudando a que te fueras en paz. Yo traté de contener las lágrimas tanto como pude, pues tú nunca soportaste que yo llorara.

El mundo se me vino encima. Tú, un perrote tan fuerte e inteligente, que podía sortear toda clase de obstáculos y guiarme aunque lloviera, tronara, nevara y hasta temblara (nos tocó al menos un temblor en la oficina en el D.F.), tan indefenso ante una enfermedad así. Tú, que el día anterior habías trabajado como siempre, jamás mostraste ningún síntoma. Todo sucedió en poco más de doce horas. Aunque lo rápido y sorpresivo del asunto lo hizo muy difícil para mí, sí agradezco que tú no sufriste mucho, que viviste hasta el último de tus días intensamente disfrutando tu trabajo, poniéndote feliz cuando te decía que habías hecho algo bien y siendo cariñoso hasta el último momento. Como los grandes, te fuiste en la cúspide.

Cuando esa noche J y yo llegamos a la casa abrimos una botella de tequila y brindamos por ti muchas, muchas veces. Todavía de repente me parece escuchar el sonido de tu collar y tus plaquitas, y hasta tus chilliditos casi imperceptibles, como cuando pedías atención especialmente si me veías acariciando a alguno de los gatos.

Al principio me sentí culpable. Pensé que el stress al que estuviste sometido con todos los cambios y teniendo que trabajar mucho más desde nuestra mudanza a Toronto habría tenido algo que ver. Pero ahora que he leído más sobre el hemangiosarcoma entiendo que nada de lo que yo hice o pude haber hecho hubiera cambiado las cosas. En la mayoría de los casos la presencia del tumor se descubre cuando ya es demasiado tarde, después de que su ruptura provoca hemorragias internas o anemia que hacen que los perros colapsen, o como en tu caso, generan una falla cardiaca. Como leí en algunos sitios, es un asesino silencioso (silent killer).

Roger, todavía te extraño, pero quiero que sepas que estoy bien y seguiré adelante. Aceptar tu pérdida no ha sido fácil, aunque no dejo de reconocer que dentro de todo, tuvimos mucha suerte. Incluso suponiendo que hubiéramos podido detectar tu enfermedad unos meses antes, con un pronóstico tan malo no me hubiera gustado someterte a un tratamiento que te hiciera sufrir innecesariamente y sentirte mal. Por supuesto que te habría jubilado para que disfrutaras tu vida sin trabajar mientras yo entrenaba con un nuevo perro guía y muy probablemente habríamos tenido que separarnos. Pero el saber que te quedaba tan poco tiempo con nosotros hubiera sido horrible.

Siempre pensé que estarías conmigo cuando yo terminara el PhD y poder así llamarte Dr. Roger. Me habría gustado mucho que hubieras podido disfrutar unos años sin trabajar, tal como Helen. Pero las cosas no siempre son como las planeamos. Y a pesar de que el tiempo que estuvimos juntos fue relativamente corto, fue muy intenso. Tú, mi segundo perro guía, siempre alerta, siempre dispuesto a trabajar en el momento que yo quisiera. Me enseñaste tantas cosas… J y yo decíamos que eras un perro sabio. Tenías mucha personalidad y una capacidad fuera de serie para comunicarte y expresar lo que querías. Te preocupabas tanto cuando yo estaba triste o enojada. El vínculo que nos une es muy fuerte. ¡Conociste todos mis secretos! Fuiste para mí mucho más que un guía. Viajamos, compartimos muchas aventuras y anécdotas, juntos superamos situaciones difíciles. Me encanta que hayas sido un perro NAFTA: nacido en EEUU, que vivió en México y después emigró a Canadá. Intenso y ocurrente en todo lo que hacías, incluidas tus travesuras, como cuando te comiste los 200 pesos que yo había dejado sobre mi cómoda.

Tú seguirás viviendo en mi recuerdo y en el de toda la gente que te conoció, ¡que fue mucha! Y como Helen, estarás presente en cada uno de mis éxitos. Ambos me dieron libertad y me acompañaron en etapas muy importantes de mi vida. Tú me diste la seguridad y confianza que necesitaba para empezar en una ciudad nueva y desconocida y me dejaste ya encaminada en Canadá. Descansa en paz, mi adorado perro guía. ¡Misión cumplida!

Soporte técnico 101

Cada vez que tengo que hablar a cualquier tipo de soporte técnico me armo de paciencia. No sólo porque simplemente es una actividad monótona que no disfruto, sino porque por lo general siempre me toma mucho tiempo.

Si la llamada es para hacer algún trámite que no puedo completar en línea porque la página no es amigable para lectores de pantalla por ejemplo, me tengo que preparar antes escribiendo en Braille todos los datos que creo que necesitaré, como números de tarjetas (incluyendo fecha de vencimiento y código de seguridad), número personal de identificación, números de cuenta, códigos de confirmación, fechas de recibos, etc. Aun así, muchas veces no puedo terminar el trámite porque me piden algo que no tengo manera de leer si no hay alguien cerca. A pesar de que ya han comprobado mi identidad corroborando infinidad de datos, si no les doy el código de cinco letras que aparece debajo de la fecha del estado de cuenta, por ejemplo, no pueden autorizar el pago y tengo que volver a llamar una vez que tenga el dato faltante. Es como cuando uno cree que tiene todo los papeles necesarios antes de ir a realizar algún trámite en una oficina pública y después de esperar en la cola, no poder hacerlo porque falta una copia de la cartilla de vacunación de cuando entramos al kinder.

Pero todo se complica cuando la razón de mi llamada es para arreglar algún problema con Internet o con otra cosa de la computadora. La experiencia me ha enseñado que por si las dudas, es mejor estar preparada y escribir en Braille el número de serie y modelo de mi computadora o del modem, aunque la cosa no termina ahí. Si tengo problemas con mi conexión de Internet, invariablemente me preguntan cuántas lucecitas tiene el modem y que si están parpadeando. Cuando les contesto que soy ciega y que no tengo manera de saber cuántos foquitos prendidos hay porque no los puedo ver, por lo general entran como en shock y se hace un incómodo silencio. Por supuesto hay gente más hábil que otra, y se les ocurre que en lugar de volverme a preguntar si el indicador del DSL está parpadeando (como si no hubieran entendido el significado de la palabra ciego), checan que en mi zona no haya habido alguna interrupción del servicio.

Lo más complicado es cuando tengo que modificar o configurar algo en la computadora, como la cuenta de correo de la universidad para que pueda seguir usándola con las nuevas medidas de seguridad. Yo sé en dónde están la mayoría de los íconos y conozco los shortcuts que abren programas o tareas y sé cómo llegar a ellos y activarlos con JAWS sin ningún problema. Pero cuando me dicen “haga click en el ícono de la flechita que está junto al reloj” o “el link que tiene que activar está en la columna de la derecha” o “es un ícono rojo que está sobre la barra de tareas” les pido que mejor me indiquen cómo llegar hacerlo usando el teclado, o a través del control panel porque soy ciega y no puedo usar el Mouse. Entonces también invariablemente se hace el silencio.

Por supuesto entiendo que no es muy común dar soporte técnico a ciegos, simplemente por el hecho de que somos el 1% de la población. Y aunque creo que me he vuelto hábil encontrando íconos poco accesibles (siempre que sea posible con JAWS), me desespera que muchos de los asistentes no hagan caso de lo que les estoy diciendo o al menos que no reconozcan que no entienden y sigan dándome instrucciones gráficas, del tipo “cuando deslice el Mouse sobre el ícono va a cambiar de forma , entonces haga click”.

Definitivamente prefiero que me toque algún operador más geek, pues ellos conocen los comandos y shortcuts con teclado, y entienden por qué el Mouse sería inaccesible para los ciegos. Además, muchos de ellos se clavan en cómo funciona el lector de pantalla y se maravillan cuando les explico que el software convierte el texto de la pantalla a voz, que es sintetizada a través de la tarjeta de sonido de la compu. En una ocasión poco tiempo después de haber llamado para arreglar algo con mi cuenta de correo recibí un mail del operador que me atendió, para agradecerme que le hubiera explicado cómo funciona JAWS y ponerse a mis órdenes. Por supuesto le tomé la palabra y como se trataba de una compañía chica, cuando tenía algún problema o consulta siempre pedía hablar con él. Lástima que no todos los operadores sean geeks.

Como te ven te tratan

Una de las primeras cosas que hice cuando me mudé a Toronto fue registrarme en el Canadian National Institute for the Blind (CNIB), pues necesitaba mi Metropass y ayuda para empezar a aprenderme las rutas que haría más frecuentemente en la ciudad. Como el CNIB también ofrece ayuda con actividades de la vida diaria, pensé que sería una buena oportunidad para aprender técnicas específicas para ciegos, pues yo aprendí a cocinar según lo fui necesitando, y desarrollé mis propias técnicas para picar cosas o para saber si algo está ya cocido por ejemplo. En mi primer entrevista con el instructor le dije que entre otras cosas, quería aprender a partir frutas, verduras y quesos pero en rebanadas más o menos homogéneas en forma y tamaño, aprender a quitar el corcho de las botellas de vino sin romperlo y adornar los platos, además de pintarme las uñas yo sola. Él me contestó que esas cosas ya eran muy avanzadas y no tan necesarias en realidad y que comenzaríamos por marcar mi horno de microondas con Braille, algo que yo había hecho ya.

En ese momento me di cuenta de que no estábamos en el mismo canal. Me dijo que si quería, me podría ayudar a organizar mi ropa, y que él aconseja a sus alumnas que para que sea más fácil combinarla, ¡tengan un máximo de cuatro colores en su guardarropa! Cuando oí eso no pude evitar reírme. Como le dije, si yo siguiera su consejo tendría que deshacerme de más de la mitad de mi ropa! Y que esa no es opción para mí, pues me gusta mucho variar y combinar los colores e incluso los accesorios. La verdad sí me molestó que un especialista en rehabilitación de ciegos no entendiera que para muchos de nosotros sí es importante sentirnos y vernos bien, y que por default, a pesar de estarme viendo, asumiera que yo sacrificaría mi apariencia física con tal de no tener que complicarme la vida pensando en qué ponerme o cómo combinar mi ropa. El hecho de que yo no me pueda ver a mí misma no significa que no me interesa mi apariencia física o mi arreglo personal, ¡al contrario! Después de todo, como te ven te tratan. Creo que es muy importante dar una buena imagen, pues además eso ayuda a cambiar o terminar con muchos de los estereotipos sobre los ciegos. Me siento muy bien cuando la gente nota y me dice que qué bonita blusa o que qué bien combina mi atuendo.

Me considero muy afortunada por haber podido ver los colores hasta los 13 años y recordarlos, eso definitivamente ayuda. Además también tengo memoria de las diferentes gamas o tonos de un mismo color: desde claros como lila, verde menta o azul cielo hasta morado fuerte, verde esmeralda o azul marino. También recuerdo la diferencia entre colores similares como salmón y melón o marfil y hueso. Así, no sólo sé teóricamente qué colores sí combinan, sino que tengo una imagen en mi mente. Aún así, por lo general pido opinión sobre las combinaciones que se me ocurren, por si las dudas. Prefiero clasificar la ropa por color, aunque siguiendo un patrón lógico de acuerdo a la tela o tipo de prenda.

Yo distingo toda mi ropa por tacto: desde la tela y la textura, hasta la forma o detalles que me permitan reconocerla como el cuello o el escote, cierre o botones, adornos o diseños con textura. Antes de tener mi ColorTest (un aparatito que al pegarlo a los objetos detecta y dice de qué color son) por lo general no compraba dos prendas de la misma forma y tela, para no confundirlas. En caso de tener dos cosas iguales, les ponía un segurito o botón para identificarlas con más facilidad.

Tengo colores favoritos, telas y diseños que en general me gustan más que otros o que sé que me favorecen más que otros. De entrada sé que es difícil combinar una blusa y una falda con diferente estampado; cuadritos y flores no van, por ejemplo. Además de reconocerla como dije arriba, me acuerdo de la descripción de cada cosa y así puedo hacer combinaciones en mi cabeza, aunque como ya dije también, sí me gusta tener una opinión de alguien que vea. Procuro ir de compras con gente en quien yo confío, como alguna amiga, mi mamá o J, quienes además de decirme lo que está de moda y sugerirme opciones, ya conocen mi estilo y lo que me gusta. Ellos saben que prefiero que sean honestos y me digan la verdad si lo que me quiero comprar me favorece, si se me ve bien o no, y lo mismo aplica cuando quiero cambiar de look.¡Todos necesitamos espejos!

Si yo fuera ingeniero, creo que ya habría inventado un espejo inteligente para ciegos, que nos permitiera asegurarnos de que todo está bien y en orden con respecto a nuestra apariencia física antes de salir de casa. Podría ser por ejemplo una mini computadora con cámara integrada capaz de evaluar la imagen del usuario en ese momento, comparándola con fotografías en una base de datos personalizada. Me encantaría que me dijera por ejemplo: “el lipstick es muy obscuro con respecto al que usas en el 90% de las fotos, y no está parejo, te falta poner un poco más en la comisura derecha” o “el pelo no tiene mucho volumen en la parte de enfrente con respecto a tu foto prototipo”. En el inter, seguiré confiando en mi memoria y mi buen tacto.