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Un tal Lucas

Mi nuevo perro guía es una cruza de labrador con Golden de color negro. Es un perro alto y sólido, sorprendentemente parecido a Roger físicamente. Se llama Luke y nació el 30 de marzo de 2007 (el mismo día que yo daba una presentación sobre Estados débiles y fallidos en mi clase de política comparada de países en desarrollo). El nombre de Luke me encanta; así como Helen en español era Helenita y Roger Rogelio, Luke es Lucas.

Desde las 8 semanas de nacido hasta el 30 de junio de 2008 Luke vivió en Brooklyn con su Puppy Walker, quien hizo un excelente trabajo con él. Así que es un perro de ciudad desde cachorro; lo llevaban varias veces a la semana en el metro y además vivió en un clima muy parecido al de Toronto, lo cual supongo que tuvo mucho que ver en el matching process.

Después de que supe su nombre, raza y color lo único que quería era verlo. Lo conocí el 13 de enero (el día después de llegar a la escuela). Yo estaba feliz de que fuera un perro negro, por varias razones: para empezar, ¡el negro combina con todo! La mayoría de mis pantalones de vestir son negros, así que para mí es más práctico tener un perro obscuro, por eso de los pelos. Por otro lado, el negro es negro y ya, no hay diferencia como sucede con los labradores amarillos o los golden, que pueden variar desde marfil hasta rojizo, por lo que, habiendo visto los colores antes, ya sé exactamente cómo es mi perro. Dicho todo lo anterior, yo estaba abierta a recibir un perro que no fuera negro, siempre que fuera un buen match para mí; el hecho de que sea negro fue una afortunada coincidencia. Cuando Doug, el instructor, me trajo a Luke a mi cuarto y yo lo llamé para acariciarlo, vino contento, pero cuando Doug se fue para dejarnos solos e iniciar así nuestra relación (el bonding process), Luke se quedó viendo a la puerta, aunque después se dejó acariciar moviendo la cola y se echó en el suelo. De repente cuando oía al entrenador a lo lejos gemía un poquito, como queriendo ir con él. Luke tuvo que aprender a obedecerme y respetarme de la noche a la mañana, sin haberme visto nunca antes.

Por lo general, el curso en la escuela con un nuevo perro guía dura 26 días. Inicia con cosas muy sencillas, como calles y caminos rectos, y gradualmente aumenta el nivel de dificultad. Esta vez tuve la oportunidad de tomar un entrenamiento combinado, parte en la escuela en Nueva York y parte en Toronto. Estuve allá doce días que fueron super intensivos. La próxima semana viene el entrenador a Toronto para supervisar cómo vamos y terminar lo que haya quedado pendiente; después de eso ya estaremos oficialmente graduados como equipo.

La primera caminata con Luke ya con el arnés fue en un parque, en línea recta sin cruces de calles; como quien dice, el objetivo es medir al perro: ver a qué velocidad camina, con qué fuerza jala, qué tan responsivo es a los comandos, etc. Lo que hizo de esa caminata un reto fue el hielo, pero lo sorteamos bastante bien. Justo a la semana de habernos conocido fuimos a Manhattan, para entrenar allá en el metro, en una zona completamente urbana. El primer día fuimos en tren desde Long Island hasta Brooklyn, en donde tomamos el metro para luego caminar sobre el puente de Brooklyn y llegar así a Manhattan, tomar el metro de nuevo y caminar un poco en la calle. Hacía mucho frío pero había sol y la caminata en el puente estuvo increíble. La vista era espectacular: de un lado la ciudad de Nueva York y del otro, la Estatua de la Libertad y Ellis Island. Después de más de cinco meses sin un perro guía, el poder caminar con tanta soltura y libertad por un lugar desconocido, con los ruidos de los coches y el río debajo del puente y El viento en la cara, fue algo casi mágico. Al día siguiente nos concentramos en caminar entre la gente y cruzar calles. Luke se mueve perfectamente bien entre las multitudes y no le incomodan en lo absoluto los ruidos fuertes.

El tiempo promedio para que un nuevo equipo funcione como unidad es de seis meses a un año. Él tiene que acostumbrarse a mí y vice versa. Por ejemplo, él debe aprender a jalarme con un poco más de fuerza para que en caso que traiga una bolsa grande en el lado derecho no rose con ningún obstáculo, yo debo aprender cómo me jala, cómo se detiene, cómo reacciona con el tráfico, cómo se mueve y demás, hasta que ambos conozcamos perfectamente nuestro lenguaje corporal y hagamos las cosas casi en automático. Cada perro tiene una personalidad distinta y es difícil no compararlo con el anterior. Luke aún no cumple dos años y a veces se comporta como adolescente. Aún se distrae un poco cuando ve algún perro en la calle. Además, todavía le tengo que recordar que se fije en la curb, para que se detenga en el lugar adecuado en la esquina, lo cual ahora es más complicado por los bancos de nieve y los charcos helados. Pero es un perro muy inteligente que aprende muy rápido y además le gusta mucho su trabajo, así que es cuestión de perseverancia, paciencia, ser constante y consistente. Sí es mucho trabajo, ¡pero definitivamente vale la pena! No cambio por nada el tener un perro guía.

Cuando llegamos a la casa seguí las instrucciones del entrenador y dejé a Luke oler a los gatos, pero aún agarrado con la correa. Francisca sí le hisseó bastante cuando él se acercó a ella y ahora Luke toma su distancia, aunque es bastante intrépido y la huele cuando tiene oportunidad. A diferencia de Roger, creo que Moncho y Lucas serán muy buenos amigos. Desde el principio se olieron las narices y las colas y se buscan mutuamente. Luke quisiera jugar con Moncho, pero cuando el gato corre, el perro lo persigue a toda velocidad (sin darse cuenta de la diferencia de tamaño), lo cual por supuesto asusta un poco a Moncho. Con todo, en ese sentido la cosa está siendo más fácil de lo que yo pensé.

Yo tengo que estar en control todo el tiempo en esta etapa de ajuste, en la que la interacción con otras personas debe ser mínima. J ha sido super apoyador con eso también; aunque se le antoja muchísimo jugar con el perro, entiende que es importante que Luke sólo me haga caso a mí y se limita a hacerle una caricia de vez en cuando. Una vez que ya estemos bien acoplados, Lucas disfrutará de muchos privilegios, como jugar con J.

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Cuenta regresiva

Llegó el frío, los días cortos y la falta de sol, que hasta a mí me deprime. Hoy la temperatura máxima fue -1 y en la noche llegará a -12, el sol salió a las 7:42 y se puso a las 4:42. Termina el semestre y con ello aumenta el trabajo y los deadlines. Todo ello además de trámites burocráticos, formas que llenar, reportes e informes que preparar. Necesito optimizar el tiempo, pero sin dejar de hacer otras cosas como bloggear, cocinar y usar la caminadora.

Empieza la cuenta regresiva. Falta menos de tres semanas para que se termine el 2008 y lo mejor, ¡exactamente un mes para viajar a Nueva York en donde conoceré y entrenaré con mi nuevo perro guía! No sé nada sobre él o ella más allá de que es un buen match para mí, así que seguro es un perro de ciudad. Los perros guía son seleccionados casi a la medida del usuario. Hay que tomar en cuenta desde características físicas como fuerza y tamaño o la velocidad para caminar tanto del perro como de la persona ciega, hasta el ambiente en que trabajará el perro la mayor parte del tiempo: ciudad, suburbios o zona rural. Los perros urbanos son más tolerantes a ruidos fuertes y no tienen problemas para viajar en el metro o camiones, por ejemplo.

Sobra decir que muero de ganas de saber algo concreto sobre mi perro antes de enero. Pero por mucho que piense o especule no conoceré ni su nombre ni su género, ni sabré su raza o color antes del día que nos veamos por primera vez. Aunque la espera me ha parecido eterna, la noticia no pudo llegar en mejor momento, pues si bien creo que sí he mejorado utilizando el bastón, ahora que ya hay un poco de nieve y mucho hielo en la calle no me atrevo a salir sola. No tanto por miedo a resbalarme en el hielo, sino porque si todo está congelado es mucho más difícil distinguir señales como pequeños desniveles en el suelo o la diferencia entre distintas superficies sólo con el bastón.

Esta será la primera vez que me tocará entrenar con un perro nuevo en pleno invierno y estoy segura de que puede ser un reto en muchos sentidos. Aunque no me encanta la idea de pasar mucho tiempo a la intemperie con temperaturas congelantes, sí será positivo que tengamos que enfrentarnos a la nieve y el hielo desde el principio. Si superamos eso, creo que lo demás será mucho más fácil. Regresando de Long Island vendrá el instructor para terminar de entrenar en Toronto, en nuestros caminos y en nuestro metro. Así que aunque nunca pensé que diría esto, espero que sí haya mucha nieve (aunque no tanta como el año pasado)… mientras tengamos a alguien que nos supervise.

En ese sentido, el 2009 pinta bien para mí. Seguiré contando los días… ¿hasta el 12 de enero!

Thanksgiving canadiense

Hoy se celebra Thanksgiving en Canadá. A diferencia de Estados Unidos en donde el Día de Acción de Gracias es el cuarto jueves de noviembre, Aquí siempre es el segundo lunes de octubre. La comida o cena del Día de Gracias es un evento más bien familiar y aunque el lunes es asueto, puede realizarse cualquiera de los tres días del fin de semana largo. La gente también aprovecha estos días para salir al campo y contemplar las hojas de los árboles de distintos colores por el otoño o para pasar un último fin de semana en sus cabañas antes de que el tiempo empeore y tengan que cerrarlas en preparación para el invierno.

Son varias las tradiciones alrededor de la celebración del Día de Gracias en este país. En primer lugar, los granjeros europeos realizaban celebraciones durante la cosecha, para dar gracias por su buena fortuna, por una cosecha próspera y por la abundancia de comida. Llenaban un cuerno curvo de cabra con frutos y granos, conocido como cornucopia o cuerno de la abundancia. Cuando los granjeros europeos llegaron a Canadá, trajeron consigo esa tradición.

Por otro lado, la historia del día de gracias en Canadá se relaciona con Martin Frobisher, un navegante inglés que intentó afanosamente encontrar una ruta de paso hacia el oriente que estuviera más al norte. Aunque no lo consiguió, fundó una colonia en América del Norte. En 1578 Frobisher presidió una ceremonia formal en lo que hoy se conoce como Newfoundland (Terra Nova), para dar gracias por haber sobrevivido el largo viaje. Colonos posteriores continuaron con la celebración de esas ceremonias. Asimismo, en el siglo XVII llegó a Canadá el navegante francés Samuel de Champlain y con él, otros colonos franceses. Su grupo llevaba a cabo grandes fiestas para dar gracias por las cosechas, eventos en los que compartían su comida con los habitantes nativos quienes así participaban de sus celebraciones.

La tercera influencia se remonta a 1621. En lo que hoy es Estados Unidos, los pilgrims (puritanos) colonizadores ingleses, celebraron su primera cosecha en el nuevo mundo en Plymouth, Massachusetts. Poco más de un siglo después, la misma celebración de agradecer por la cosecha fue llevada a Nueva Escocia por colonos americanos provenientes del sur. Durante la Guerra de independencia de Estados Unidos, aquellos que eran leales a Inglaterra se fueron a Canadá, llevando consigo las costumbres y celebraciones del Día de Gracias.

En 1879 el Parlamento instituyó el 6 de noviembre como Día de Acción de gracias, declarándolo también día de fiesta nacional. A lo largo de los años se usaron diferentes fechas para celebrar el Día de Gracias en Canadá, siendo la más popular el tercer lunes de octubre. Después de la Primera Guerra Mundial, el Día del Armisticio y el Día de Acción de Gracias se celebraban en una misma fecha, siempre el lunes de la semana en la que cayera el 11 de noviembre. En 1931, cada uno constituyó una celebración independiente y distinta. El Día del Armisticio (Armistice Day) fue nombrado Remembrance Day.

El 31 de enero de 1957, el Parlamento proclamó la instauración del segundo lunes de octubre como la fecha de las celebraciones de Acción de Gracias: “Un día general para dar gracias al Dios todopoderoso por la abundante cosecha con la que Canadá ha sido bendecida…”

Roger

Mi querido Roger:

El 15 de julio escribí una entrada en este blog en donde cuento un poco sobre ti. Hablé de la primera vez que nos vimos, justo 5 años antes, del entrenamiento en Nueva York, de nuestra llegada a México, y de cómo tú, al igual que Helen, aprendieron español. Lo titulé Cinco años con Roger para conmemorar el aniversario de cuando nos conocimos, sin imaginarme que más que un título, esa frase cobraría un nuevo significado poco menos de un mes después.

Yo siempre he sido muy clavada en las fechas. Desde que era niña me gustaba calcular en qué día de la semana había caído o caería algún cumpleaños o día de asueto. Me parece entretenido encontrar coincidencias en las fechas o días, además de que en general tengo buena memoria para recordar cumpleaños e incluso cosas menos trascendentes como qué día fui al cine a ver alguna película en particular.

El jueves 7 de agosto de 2003 nos entregaron nuestro diploma tras haber completado el entrenamiento en Long Island. Nos graduamos oficialmente como equipo y empezaba una nueva etapa. Jamás pensé que exactamente cinco años después tendría que despedirme de ti. Todavía no dejo de pensar en los tiempos y en la extraña coincidencia de las fechas.

El 7 de agosto de 2008, que por cierto también fue jueves, estábamos en Canadá, viviendo con J y los gatos justo desde hacía un año. Habíamos sobrevivido el invierno más crudo y con más nieve desde 1939, y yo ya me sentía bien encarrilada en el PhD, después de haber tomado los cursos más difíciles de toda mi vida y pasado los exámenes, además de haber superado alguna que otra crisis existencial. Gracias a tu ayuda, me sentía muy cómoda moviéndome aquí de manera independiente, aprovechando y embriagada con una libertad que no había conocido jamás en el D.F.

Ese día decidí bañarte en la mañana, para que estuvieras guapo y limpio para recibir a tus abuelos, mis papás que llegaban al día siguiente a pasar unos días de vacaciones con nosotros. Poco después de regresar de sacarte como todas las mañanas preparé las cosas en el baño y te llamé como siempre… y como siempre lo habías hecho, tú no querías bañarte, y mustiamente me ignorabas como si no oyeras. Como de costumbre, te soborné con una zanahoria bebé, pero cuando llegaste al baño no te la comiste. Aunque me pareció un poco raro, no le di mayor importancia. Te dejaste bañar apáticamente, pero cuando terminamos no te pusiste feliz como siempre, ni te sacudiste el agua, ni te saliste corriendo de la tina empapando todo, ni te empezaste a restregar contra la toalla ni moviste la cola como loco de felicidad. En lugar de eso, simplemente te echaste en el suelo y me dejaste secarte. Después llegó J y juntos intentábamos entender por qué estarías tan raro. Yo llegué a pensar en que te habías envenenado con algo que comiste en la calle sin que yo me diera cuenta.

A las pocas horas ya no querías levantarte, teníamos casi que cargarte para que te pararas. Llamé al vet para avisar que te iba a llevar y pedimos un taxi. Todavía te puse tu arnés para que fuera evidente que eras un perro guía y no perder el tiempo explicándole nada al taxista. Aunque te costó trabajo salir del taxi, entraste al consultorio caminando y al llegar te echaste en la sala de espera, en donde te examinaron y te hicieron varios análisis. Nos dijeron que había algo muy mal con tu corazón y que nos fuéramos a la sala de emergencias del hospital para animales, en donde el cardiólogo ya te estaba esperando.

Cuando Lynn, una señora que había llegado con su hijo a recoger a su perro que acababan de esterilizar, oyó que teníamos que irnos de urgencia nos ofreció llevarnos y con ello se ganó mi eterna gratitud. En verdad fue como un ángel guardián en ese momento. Tú estabas ya muy débil y te pusieron en una camilla que subieron en su camioneta. Llegamos al hospital en donde ingresaste a emergencias inmediatamente.

Menos de una hora más tarde, poco después de que terminamos de arreglar el papeleo de tu llegada a ese lugar, salió Karen, la doctora que llevaba tu caso. Nos informó que tenías una acumulación de líquido en torno al corazón, que le impedía latir de manera efectiva. ¡Por eso estabas tan débil! Ya te habían punzado para drenar el líquido y que así el corazón pudiera latir bien, estabas más estable y dentro de poco tiempo te veríamos. Te habían hecho más estudios y pronto tendríamos más información. Aunque Karen sí me dijo que era muy optimista pensar que tú volverías a trabajar, yo tenía esperanza de que te curaras y hasta me puse a pensar en la logística para llevarte a México usando por última vezz tu arnés y que así pudieras volar en la cabina del avión conmigo y que disfrutaras un muy merecido retiro en casa de mis papás.

Al poco tiempo Karen nos dio el diagnóstico: hemangiosarcoma. Se trata de un cáncer maligno de las células que forman los vasos sanguíneos. Este tipo de tumores se llenan de sangre y eventualmente se rompen, y es cuando esto sucede que se descubre la enfermedad en los perros. El hemangiosarcoma es un tumor sumamente agresivo, que se forma en aquellos órganos en donde hay mucha sangre como el bazo, el hígado y el corazón, y generalmente hace metástasis.

Karen nos dijo que si optábamos por seguir un tratamiento más conservador, en el que sólo te mantuvieran estable, estaríamos juntos unos pocos días más, diez en el mejor de los casos. También nos habló de cirugía y quimioterapia, con sobrevida de alrededor de seis meses. A mí me costaba asimilar todo lo que estaba pasando. Pero dado el pronóstico, J y yo planeamos traerte a la casa una vez que estuvieras más estable para consentirte unos días antes de despedirnos.

El resto de esa tarde estuvimos contigo en el área de terapia intensiva. Estabas muy adormilado, pero sí nos reconocías, levantabas la cabeza y hasta nos dabas la mano, como lo hiciste conmigo desde el primer día . Por supuesto tendrías que pasar ahí la noche, pero queríamos estar contigo lo más posible antes de irnos a la casa. Poco antes de que nos fuéramos, te volvieron a examinar. Tu corazón estaba lleno de fluido nuevamente, se había vuelto a formar en sólo tres horas. Karen habló con nosotros y nos dijo que tenían que volver a punzarte para estabilizarte de nuevo y que estos episodios podrían volver a repetirse en cualquier momento, que no sobrevivirías la noche. Te pusieron más suero, lo cual te estabilizó un poco, pero cada vez estabas más débil. Básicamente, tu cuerpo había ya tomado la decisión por nosotros. Aunque por supuesto yo estaba en shock, lo único que quería era evitar que tú sufrieras más y aunque se me partió el corazón, había llegado el momento de dormirte. Dejé de oír al resto del personal del hospital y a los otros animales que estaban también en terapia intensiva. J y yo estábamos en el suelo contigo, los tres fundidos en un abrazo fuerte e intenso, y Karen, ayudando a que te fueras en paz. Yo traté de contener las lágrimas tanto como pude, pues tú nunca soportaste que yo llorara.

El mundo se me vino encima. Tú, un perrote tan fuerte e inteligente, que podía sortear toda clase de obstáculos y guiarme aunque lloviera, tronara, nevara y hasta temblara (nos tocó al menos un temblor en la oficina en el D.F.), tan indefenso ante una enfermedad así. Tú, que el día anterior habías trabajado como siempre, jamás mostraste ningún síntoma. Todo sucedió en poco más de doce horas. Aunque lo rápido y sorpresivo del asunto lo hizo muy difícil para mí, sí agradezco que tú no sufriste mucho, que viviste hasta el último de tus días intensamente disfrutando tu trabajo, poniéndote feliz cuando te decía que habías hecho algo bien y siendo cariñoso hasta el último momento. Como los grandes, te fuiste en la cúspide.

Cuando esa noche J y yo llegamos a la casa abrimos una botella de tequila y brindamos por ti muchas, muchas veces. Todavía de repente me parece escuchar el sonido de tu collar y tus plaquitas, y hasta tus chilliditos casi imperceptibles, como cuando pedías atención especialmente si me veías acariciando a alguno de los gatos.

Al principio me sentí culpable. Pensé que el stress al que estuviste sometido con todos los cambios y teniendo que trabajar mucho más desde nuestra mudanza a Toronto habría tenido algo que ver. Pero ahora que he leído más sobre el hemangiosarcoma entiendo que nada de lo que yo hice o pude haber hecho hubiera cambiado las cosas. En la mayoría de los casos la presencia del tumor se descubre cuando ya es demasiado tarde, después de que su ruptura provoca hemorragias internas o anemia que hacen que los perros colapsen, o como en tu caso, generan una falla cardiaca. Como leí en algunos sitios, es un asesino silencioso (silent killer).

Roger, todavía te extraño, pero quiero que sepas que estoy bien y seguiré adelante. Aceptar tu pérdida no ha sido fácil, aunque no dejo de reconocer que dentro de todo, tuvimos mucha suerte. Incluso suponiendo que hubiéramos podido detectar tu enfermedad unos meses antes, con un pronóstico tan malo no me hubiera gustado someterte a un tratamiento que te hiciera sufrir innecesariamente y sentirte mal. Por supuesto que te habría jubilado para que disfrutaras tu vida sin trabajar mientras yo entrenaba con un nuevo perro guía y muy probablemente habríamos tenido que separarnos. Pero el saber que te quedaba tan poco tiempo con nosotros hubiera sido horrible.

Siempre pensé que estarías conmigo cuando yo terminara el PhD y poder así llamarte Dr. Roger. Me habría gustado mucho que hubieras podido disfrutar unos años sin trabajar, tal como Helen. Pero las cosas no siempre son como las planeamos. Y a pesar de que el tiempo que estuvimos juntos fue relativamente corto, fue muy intenso. Tú, mi segundo perro guía, siempre alerta, siempre dispuesto a trabajar en el momento que yo quisiera. Me enseñaste tantas cosas… J y yo decíamos que eras un perro sabio. Tenías mucha personalidad y una capacidad fuera de serie para comunicarte y expresar lo que querías. Te preocupabas tanto cuando yo estaba triste o enojada. El vínculo que nos une es muy fuerte. ¡Conociste todos mis secretos! Fuiste para mí mucho más que un guía. Viajamos, compartimos muchas aventuras y anécdotas, juntos superamos situaciones difíciles. Me encanta que hayas sido un perro NAFTA: nacido en EEUU, que vivió en México y después emigró a Canadá. Intenso y ocurrente en todo lo que hacías, incluidas tus travesuras, como cuando te comiste los 200 pesos que yo había dejado sobre mi cómoda.

Tú seguirás viviendo en mi recuerdo y en el de toda la gente que te conoció, ¡que fue mucha! Y como Helen, estarás presente en cada uno de mis éxitos. Ambos me dieron libertad y me acompañaron en etapas muy importantes de mi vida. Tú me diste la seguridad y confianza que necesitaba para empezar en una ciudad nueva y desconocida y me dejaste ya encaminada en Canadá. Descansa en paz, mi adorado perro guía. ¡Misión cumplida!